Intelectuales Orgánicos

Voy a comenzar esta nota con algunas consideraciones generales respecto a la relación entre estructura (base) y super-estructura. Para luego abordar aspectos contraculturales que disputen la hegemonía a la clase dominante en el terreno de la lucha ideológica.

La estructura es donde suceden las relaciones sociales de producción, es decir, donde interactúa el capital con el trabajo y se genera la explotación al trabajador mediante la apropiación de la plusvalía, que luego una parte se capitaliza y une al capital.

En cambio la superestructura es donde está la sociedad civil, el Estado que gobierna a esa sociedad civil, y todo lo que no es estrictamente económico. Encontramos por ejemplo las formas jurídicas, instituciones, religiones, filosofía, el arte, etc.

De la superestructura surge lo que Gramsci va a llamar hegemonía, a la que podemos definir como la cosmovisión de la clase dominante que se irradia sobre la sociedad. Por un lado se presiona, se crean leyes y se controla, pero por otro lado se genera consenso para validar el sistema.

Sin esa hegemonía o consenso revestido de coacción, que obstaculiza la conciencia de clase, la sola coacción resultaría insuficiente. Lo que se busca es convencer de que el sostenimiento del sistema capitalista ofrece beneficios, o de que es el único posible. Ese convencimiento se logra por la acción cultural ideológica que ejerce la sociedad política y civil.

Desde un punto de vista teórico tienen roles diferentes. La sociedad civil genera consenso sobre el sistema y la sociedad política coacciona ejerciendo presión desde el Estado. Pero en la práctica se entrelazan constantemente.

El capitalismo no se puede sostener solo por medio de la coacción, sino que lo hace por el rol fundamental que cumple la super-estructura en la generación de hegemonía, buscando asegurar que haya la menor cantidad de personas contra el sistema.

La clase propietaria de los medios de producción material es también propietaria de los medios de producción ideológica por lo que las ideas hegemónicas de una época suelen ser las que la clase dominante impone.

Una cosmovisión implantada en la sociedad durante determinado tiempo puede lograr que las personas adapten su vida a esa cosmovisión y la hagan propia. El análisis del rol que tiene la superestructura nos permite comprender porque la clase trabajadora no logra adquirir conciencia de clase y organizarse contra un sistema que conlleva desigualdad, miseria, y explotación.

Es tan fuerte el nivel de ideologización que hay sobre la sociedad que las ideas y los valores de la clase dominante se reproducen incansablemente por todas las vías posibles con el objetivo de lograr la aceptación del capitalismo y sus reglas de juego, anulando incluso el ejercicio especulativo de pensar en otro tipo de sociedad.

Un ejemplo de lo contrario sería la revolución rusa, donde a diferencia de los países europeos más avanzados, había un burguesía debil. Y donde la ausencia de un aparato ideológico capitalista operando sobre la conciencia de los trabajadores favoreció el triunfo de la revolución. Para profundizar este análisis leer nota sobre teoría de la revolución permanente.

En nuestro tiempo la burguesía ha evolucionado en la forma de dominar y de construir poder mediante el uso de las nuevas tecnologías. Por lo cual el estudio de la sociedad y sus movimientos llevan a reformular con intenciones revolucionarias el rol de la superestructura para utilizar las mismas herramientas pero con la perspectiva de la clase opuesta.

Esto no significa darle una importancia mayor a la superestructura por sobre la estructura económica donde están las relaciones de producción. El objetivo sigue siendo modificar ambas, pero tomando en cuenta que la super-estructura desde una perspectiva gramsciana no esta completamente determinada por la estructura ni en absoluta dependencia.

En razón de lo anterior la imperiosa necesidad estratégica de generar contra-hegemonía. Es decir, generar una contracultura, contra-ideología, con las mismas herramientas que se genera la hegemonía pero con intelectuales orgánicos de la clase obrera que vayan ocupando posiciones comunicacionales e institucionales para dar una lucha cultural contra el sistema.

Los intelectuales orgánicos son aquellas personas que tienen la capacidad de transferir ideología, y que a partir de sus acciones y mensajes participan en la construcción del sentido común. Muchas veces lo hacen de forma consciente y otras no. Pueden ser maestras, profesores universitarios, periodistas, cantantes, políticos.

Gramsci estudia la educación, folklore, comunicación, nombre de las calles, organización arquitectónica (de las ciudades, aulas, lugares de trabajo). Para él todo está pensado para que el sistema se pueda seguir reproduciendo y perpetuar así la alienación capitalista.

El colegio juega un rol destacado ordenando y adaptando personas a un sistema de reglas, e inculcando valores, creencias, moral, religión, nociones sobre lo justo e injusto, lo bueno y lo malo. Hay por detrás un ministerio de educación con inspectores y supervisores que controlan y le dicen a cada institución escolar qué y cómo enseñar.

En el nivel más alto de argumentación que tiene el sistema encontramos a la filosofía, y es una de las vías por las cuales la clase dominante transfiere su cultura e ideología. Otras vías son las religiones, y la construcción del sentido común donde colaboran todos los estratos de la sociedad política y civil.

La religión es un claro ejemplo de complicidad con la estructura, haciendo de bálsamo para que los trabajadores miren al cielo aferrados a promesas de felicidad en el más allá, en vez de convertir el sufrimiento terrenal que padecen en acciones concretas para transformar el mundo que les rodea. Los eclesiásticos, peones de la reacción, operan como intelectuales orgánicos e inoculan el opio del conformismo y la resignación.

Por último, para combatir cualquier tendencia economicista que ningunea a la superestructura, diré que el capitalismo genera diferencias que van mucho más allá de lo económico y que tienen que ver con cuestiones de estatus, prestigio y reconocimiento social.

Esas diferencias que llevan al sometimiento de las personas por motivos que no son económicos sino culturales, son las más difíciles de modificar porque persisten enquistadas en la cultura incluso habiendo modificado las relaciones sociales de producción.

Es decir, que la modificación de la base económica de la sociedad no resuelve por añadidura las demás formas de opresión generadas por el capitalismo. Esto se debe a que la superestructura no es un simple apéndice de la estructura, y su transformación tiene una complejidad incluso mayor.

Sobre este último aspecto es donde el pensamiento gramsciano enriquece al marxismo con los intelectuales orgánicos, necesarios para un proceso de socialización que puede demorar varias generaciones pero cuyo objetivo, entre otros, será la asimilación de que cumplimos roles complementarios igual de importantes en la sociedad.