Dictadura del Proletariado

La expresión dictadura del proletariado es una de las más oscurecidas y demonizadas por los detractores del marxismo. Será quizás que en el imaginario social se equipara con las dictaduras capitalistas o con las purgas de burócratas rusos.

Los ideólogos burgueses aprovechan el descrédito del comunismo generado por el estalinismo para caricaturizarla como si se tratase de un poder autoritario y destructivo, que se impone con terror sobre las mayorías.

Sin embargo, Marx nunca utilizó la palabra “dictadura” en sentido literal. Esto resulta evidente, puesto que literalmente la dictadura sería el gobierno de una sola persona, mientras que lo que plantea Marx es la dictadura del proletariado, es decir, de una clase. Que dicho sea de paso es la clase universal mayoritaria de la sociedad.

En términos marxistas, dictadura del proletariado no significa supresión de la democracia para la clase obrera, pero sí significa restricciones para la burguesía sobre la cual se ejerce la dictadura.

Para complejizarlo un poco más pensemos en que todas las formas de los Estados burgueses, incluso las repúblicas democráticas más modernas, en su esencia son una dictadura de la burguesía.

Esto puede resultar extraño para alguien ajeno a las ideas del marxismo, pero similar es lo que sucede con el concepto abstracto de democracia. Los liberales se refieren a la "democracia" en general mientras que los marxistas preguntamos: "¿Para qué clase?"

La noción jurídica y formal de "democracia" solo sirve a la burguesía para disimular su dominación y engañar a las masas. "Democracia" quiere decir algunas veces dictadura de la burguesía, y otras veces significa impotente reformismo que también se somete a esa dictadura.

Y es que no existe la “democracia pura”, salvo para los embusteros liberales que quieren encubrir el contenido de clase de la democracia burguesa. Porque mientras que en nuestra sociedad existan clases sociales solo habrá una democracia clasista. La democracia sin referencia a una clase social es una palabra vacía por su desvinculación con la lucha de clases y la incomprensión de la esencia del Estado.

Más aun, podríamos decir que la democracia burguesa es profundamente antidemocrática y que la democracia proletaria que acompaña a la dictadura del proletariado es la verdadera expresión de una democracia de las mayorías.

El primer ejemplo de dictadura proletaria fue la Comuna de París en 1871. Algunas de las medidas tomadas por el gobierno insurreccional fueron la separación de la iglesia y el Estado, salario de obreros para los funcionarios públicos, magistrados electivos y revocables, gratuidad de la educación sin contenidos religiosos, abolición de la policía y el ejército como instituciones autónomas y separadas, etc.

El Estado burgués, que ejerce la dictadura de la burguesía mediante la república democrática, no se anima a reconocer abiertamente que representa los intereses de la burguesía, y recurre al ya conocido engaño de la supuesta neutralidad y de que el Estado somos todos.

En cambio, el Estado del tipo de la Comuna, dice franca y honradamente que es la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres. Sin ocultar ni mentir sobre sus propósitos e intenciones. Los Soviets son la forma rusa de la dictadura del proletariado.

Se trata de una nueva forma de dictadura, en el sentido no habitual de la palabra, que actúa como tal solo respecto de la minoritaria burguesía, y adquiere diferentes características dependiendo la correlación de fuerzas de cada país. Representando la más amplia democracia proletaria para la clase obrera.

En el periodo histórico que separa la sociedad capitalista y la sociedad comunista será necesario el Estado que no puede ser otro que la dictadura del proletariado, y dicho período político de transición tendrá una duración variable que dependerá del triunfo de la revolución proletaria internacional.

Cuando los trabajadores de un país conquistan el poder político y rompen la máquina estatal burguesa, se crea un nuevo semi-estado proletario que es reorientado para llevar adelante tareas transicionales como por ejemplo velar por la propiedad social de los medios de producción, impuestos progresivos a las grandes fortunas, expropiaciones, etc. Y también para resistir a la contrarrevolución de la burguesía, que buscará impedir cualquier intento de darle impulso internacional a la revolución.

La necesidad transitoria de la utilización del Estado para garantizar la transición del capitalismo al comunismo en el plano mundial, es lo que provocó enfrentamientos entre marxistas y anarquistas.

Los anarquistas restan importancia a las tareas que lleva a cabo la dictadura del proletariado y pregonan abolir el Estado de la noche a la mañana. En cambio para los marxistas hacer uso del Estado es algo estratégico que solo tiene sentido con el fin de lograr la futura extinción definitiva de todo Estado, innecesario en una sociedad sin clases sociales.

Los marxistas no "soñamos" con prescindir de golpe de todo Estado, esos sueños anarquistas reflejan la incomprensión de las tareas de la dictadura del proletariado, y sólo sirven para aplazar la revolución socialista y postergarla indefinidamente.

No discrepamos en modo alguno con los anarquistas en cuanto a la abolición o extinción del Estado, como meta final. Lo que afirmamos es que, para alcanzar esta meta, el proletariado necesita el empleo temporal del Poder del Estado en una forma revolucionaria y transitoria contra los explotadores, combatiendo la contrarrevolución de la burguesía.

La dictadura del proletariado no es una "forma de gobierno", sino una forma o tipo de Estado. El rasgo distintivo es la violencia revolucionaria en contraposición con hipótesis kautskianas irrealizables de revoluciones pacíficas. La revolución consiste en derribar a la burguesía y romper su aparato estatal.

En el proceso revolucionario se hace uso de la fuerza, para liquidar el derecho de propiedad y abatir el régimen burgués. Pero desde el comienzo el estado proletario debe ser un anti-estado que prepara su propia anulación. Primero se elimina el estado burgués, y por último, cuando se completa la transición a nivel mundial, se extingue el remanente de los estados proletarios.

Las revoluciones inevitablemente son violentas, no por elección voluntaria ni por antojadizas, sino por imposición de la dinámica de la lucha de clases que conduce necesariamente a la dictadura del proletariado. Basta ver la historia para descubrir que la burguesía a recurrido incluso al fascismo y a las guerras mundiales para llevar adelante la contrarrevolución y preservar el sistema.

Sería una ingenuidad colosal creer que los capitalistas pudieran resignar sus privilegios de clase sin ofrecer resistencia y, más aún, entregar plácidamente los medios de producción para socializarlos y ponerlos a producir bajo gestión obrera.

Los utópicos reformistas portadores de esa “ingenuidad” profesan discursos socialdemócratas repletos de engaños con imaginarias revoluciones pacíficas y progresivas. Pero no son más que renegados centristas con fraseología seudosocialista, que en la mayoría de los casos no llegan siquiera a ser merodeadores del marxismo aunque intentan vestir sus ropajes.

Es justamente la adhesión a la dictadura del proletariado lo que permite diferenciar con facilidad a un marxista de un centro-izquierdista. Y de paso, también de un pequeñoburgués anarquista. La socialdemocracia y el anarquismo constituyen las dos grandes tergiversaciones del marxismo.

No se puede esquivar la dictadura del proletariado en la lucha por la emancipación si uno quiere cambiar la sociedad e ir despojando a la burguesía del capital. Es una configuración política del Estado meramente temporal y con fuerzas de coerción que deben ser controladas democráticamente por los trabajadores para evitar desviaciones autoritarias.

El comunismo no es un ideal al cual atar la realidad para fustigar a la población hasta lograr implantarlo. Es una posibilidad histórica del movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Pero ese movimiento requiere de posiciones defensivas y ofensivas frente a la más salvaje brutalidad que tiene el capitalismo para preservarse aún con las mayorías en su contra.