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Ilustración: Marcos Kazuo@rompts.comic

Ejercicio ACR: N°2.
— Nikolái Aleksandr Weinbinder —

E

n una dimensión no dionisíaca del antiguo Egipto un dios Amish le arrancaba los dientes a las felatrices mientras un extraterrestre akenatoiano del establishment intentaba consolidar un frente único Anti Politeísta. A tales fines fotocopiaba doble faz a la muchedumbre humana y construía Leviatanes de arcilla junto a gárgolas de piedra donde se posaban las palomas blancas contratadas como espías.

Los ambiciosos planes expansionistas incluían la construcción de una gran pirámide que sirviera de centro operaciones y como plataforma de despegue de una imponente nave capaz de trasladar ejércitos imperialistas a cada rincón multidimensional. El objetivo final era reducir a cenizas a cada uno de los dioses politeístas que todavía no habían tomado conciencia de muerte ante los peligros que se avecinaban.

Una sacerdotisa de Apolo con poderes para ver el futuro fue ninguneada por tarotistas positivistas y solo Dionisio reivindicó su derecho al delirio tomando en cuenta sus advertencias sobre la guerra que se aproximaba. Multiplicidad de dioses con temulenta embriaguez y explícita inmoralidad transitaban sin saberlo su conversión en antagonistas de lo único y verdadero, enfrentando el proyecto civilizatorio del todopoderoso en una batalla épica sin nudo ni desenlace.

La ausencia de calendario y referencias tempo espaciales impidieron registrar el momento exacto en que las plagas de Amish azotaron la tierra y el Olimpo. Primero llegó la unicidad con su voracidad totalitaria y segregatoria de todo lo múltiple y diverso. Luego la plaga de la domesticación y disciplinamiento que intentó arrasar con la animalidad irreverente de los cínicos anticonvencionalistas. Y finalmente los titanes con jaulas de rótulos persiguieron a los dioses inclasificables para tratar de encapsularlos y banalizarlos hasta extinguirlos o volverlos inofensivos.

Coyuntura macrocósmica de confrontaciones, choques entre lo estático y lo dinámico, y un intento de normalización e imposición de inercias para moderar a los dioses más volátiles e indisciplinados. Fuego cruzado derruía templos y altares al mismo tiempo que los dioses de los matices atacaban los saberes insulares de las plantaciones de árboles de porfirio para salvaguardar rizomas y el impredecible vuelo de mosquito. La religión y la filosofía fueron cómplices de un diluvio de verdades acreditadas que anesteciaron imaginaciones.

Dioses locos y poetas organizaron la resistencia desde fiestas bacanales donde un blues lujurioso musicalizó perversas conspiraciones entre brujas y demonios que procreaban herejes a diestra y siniestra. En la esquina de una favela una madona discutía escandalizada con la diosa de la fertilidad tras haber sido inseminada por el pico de un cuervo que depositó en su vientre una bandada de plumíferos hitchockeanos enemigos de las palomas y los carpinteros.

Un comando de dioses semiólogos se robó los adjetivos para controvertir el lenguaje y hasta los monjes más posmodernos enmudecieron del susto. Los números y las letras se cortaron una oreja por temor a que su simetría perjudicara al bando politeísta. El internacionalismo hizo que el dios Inti viajara para unirse al clero de Amón Ra potenciando los rayos ultravioletas que cegarían a los platonicos cuando salieran de sus cuevas. Y ni Diógenes se atrevió a rechazar la sombra de Alejandro Magno.

Bastaron 18 latigazos para que Teodosio se diera por vencido revelando el escondite del frente único, y Crisóstomo fue el primero en entregar su oro a los pobres cuando vio llegar a Osiris con una espada láser entre las piernas. Los dioses politeístas, cirujanos del impacto, transformaron el Mar Rojo en una absenta verde surfeada por duendes como distracción mientras Nefertiti con vocación destruccionista colocaba dinamita en los subsuelos laberínticos de la pirámide de Amish.

Los secretos del inframundo se burlaban de la transparencia de la verdad, y las perversiones ridiculizaban a las versiones oficiales. Bípedos implumes arrojaban las piedras aristotélicas contra las maravillosas nubes dejando de ser discípulos de arcilla para convertirse en superhombres capaces de transmutar todos los valores. No quedo una sola momia subida a los altares y las ninfas persiguieron a los filósofos con licuadoras de 7 velocidades para corromper verdades, dogmas y esencialismos.

¿Me habéis comprendido?
Dionisio contra el crucificado.






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